La franquicia es un sistema de comercio asociado

entre empresas financieras y jurídicamente independientes.

 

Las mismas estan ligadas por un contrato en virtud del cual,

una de ellas (la franquiciadora) concede a la otra u otras (franquiciados),

a cambio de unas contraprestaciones económicas,

el derecho a explotar una marca y/o una fórmula comercial

materializada en unos signos distintivos,

asegurándole la ayuda técnica y los servicios regulares necesarios

destinados a facilitar dicha explotación.

 

Son fundamentales en una franquicia,

el franquiciador (o franquiciante) y el franquiciado,

o lo que es lo mismo, el dueño de la marca

(y el que tiene la potestad de “ofrecer” la franquicia) y la persona que la adquiere.

 

Tiene un modelo de negocio que está definido,

lo que significa que sabe, por ejemplo, los productos

o servicios que comercializa o cuál es su público objetivo.

 

En tercer lugar, y es clave en una franquicia,

son los acuerdos (por escrito y en forma de contrato)

que se establecen entre el franquiciador y el franquiciado,

en los que se establecen los compromisos del primero

y las responsabilidades del segundo.

 

 Por último, y no menos importante,

una franquicia tiene que valorar,

de entre todas las opciones,

su ubicación, ya que es uno de los factores clave del éxito.